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Cada infierno es igual pero distinto

 en Sin categoria, Tráfico Humano

El proyecto Butterfly facilita talleres y terapia artística a mujeres víctimas de la trata y la explotación sexual en el barrio de Kamathipura.

Todas las mujeres víctimas de la trata y la explotación con las que trabajamos han sufrido experiencias dramáticas, pero ninguna igual que otra. Por esta razón, la forma de tratar a cada una de ellas es distinta, y nos esforzamos para que así sea. Uno de estos casos es el de Sadhana.

Sadhana (nombre no real para proteger su identidad) es una mujer procedente de Bangladesh que fue vendida por su marido hace 12 años. La vendió a una de las mafias que operan en el barrio de Kamathipura. Es madre de dos hijas y un hijo. Una de estas hijas se casó y vive con su marido en Arabia Saudí. El hijo, de 19 años y la otra hija, de 17, aún viven con ella.

Al poco de ser forzada a prostituirse en Kamathipura, Sadhana pudo escaparse del burdel y volver a Bangladesh, pero su marido no quiso saber nada de ella. No le quedó otra opción que volver a Kamathipura para ganarse la vida como pudo. Después de mucho tiempo en esta situación, este año Sadhana vino a conocer nuestro centro comunitario en el barrio, para participar en las sesiones de terapia artística que ofrecemos a las mujeres víctimas de explotación.

Rápidamente nos dimos cuenta de que Sadhana era una persona introvertida y que le costaba mucho establecer contacto visual. A menudo se le notaba tensa y se echaba a llorar en medio de una conversación. No solía participar en las sesiones y talleres, aunque acudía casi siempre. A esto había que sumar que, debido a sus traumas, la relación con sus hijos tampoco era precisamente buena, por lo que Sadhana estaba sufriendo una situación muy preocupante.

Queríamos que una de las primeras heridas en curarse en Sadhana fuera la relación con su hija menor, porque desde ahí se podría establecer una buena base de mejora. Poco a poco conseguimos que se reuniera con nuestro equipo de terapeutas, acompañada por su hija, aunque a ella le cuesta más mantener un ritmo periódico de visitas. De esta forma, Sadhana ha empezado a participar con más frecuencia en los talleres de terapia artística, elaborando rosas de tela; acude más a menudo al centro comunitario… La vemos sonreír de vez en cuando, comienza a mirar a los ojos tímidamente, interactúa más… Sadhana está abriéndose a los demás como parte de su proceso de aceptación y sanación, y a consecuencia de ello también tiene más capacidad para combatir su ansiedad y su depresión. Si bien no está totalmente recuperada, Sadhana está en el camino ideal para hacerlo.

Suele decirse que cada persona es un mundo, pero en el caso de las víctimas de trata podríamos decir que cada infierno es distinto. Cada historia personal, dramática, es distinta en cada caso pero igual en las consecuencias. De ahí la importancia de trabajar con cada persona como lo que es: única, valiosa en sí misma y con un camino personal de curación.

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