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Así es como Poorvi se liberó del trabajo infantil

 en Menores

Poorvi (cuyo nombre es ficticio para proteger su anonimato) conoció el programa Life Skills Empowerment (LSE) -este tiene por objetivo fomentar la seguridad en ellas mismas, el desarrollo de sus capacidades y una sana y segura relación con el entorno- a través de la campaña que el equipo del proyecto  llevó a cabo en las calles de los slums de Chandivali, un barrio de Bombay, para conocer niñas interesadas en participar en el mismo. Nuestra protagonista no dudó ni un segundo en apuntarse, tuvo muy claro desde el principio que esta oportunidad que se le presentaba mejoraría la situación actual que estaba sufriendo a diario.

A priori, la vida de Poorvi era muy parecida a la de las chicas de su entorno. Responsable con sus estudios, esta niña de 12 años asistía a clase por las mañanas y por las tardes nunca faltaba a las sesiones de LSE. Cuando terminaba, acudía a casa para ayudar a su madre con las tareas del hogar y ocuparse de sus dos hermanos pequeños.

Pero durante unos meses la vida de Poorvi se convirtió en una auténtica pesadilla, debido a los problemas económicos de su familia. La madre de Poorvi se vio obligada a pedir un préstamo de unas 50.000 rupias (650€) para mantener al matrimonio y a sus tres hijos, a causa de los graves problemas de alcoholismo de su marido. Todo empeoró cuando no pudo devolverlo a tiempo con un único sueldo, así que Poorvi, la hermana mayor, tuvo que ponerse a trabajar vendiendo flores todas las tardes, con un salario de 50 rupias al día (0,65€). Esta situación superó a nuestra protagonista de 12 años, que veía cómo su vida pasaba en la calle, sin rumbo, obligada por su madre para intentar salvar la situación familiar.

Poorvi no aguantó más y al cabo de unos días rompió su silencio y confesó su situación a la profesora del LSE, Prafullata, quién consciente de la gravedad del caso fue a hablar con su madre. Ningún menor de 14 años puede trabajar, está penado por Ley y las consecuencias del trabajo infantil pueden ser fatídicas. Prafullata intentó hacer entrar en razón a la familia de Poorvi, insistiendo en que no debían exponerse a otro problema más. Al principio todo fueron negativas, no querían escuchar. Pero el equipo de Sonrisas de Bombay se esforzó en trabajar con la madre y hacerle entender la gravedad de la situación y los riesgos a los que se estaba exponiendo, por ejemplo, pena de cárcel, lo que supondría el abandono de sus hijos… Finalmente Poorvi dejó de vender flores y está centrada de nuevo en sus estudios, consciente de que gracias a su tutora pudo recuperar su vida y su infancia. Hoy afirma: “He aprendido muchas cosas en LSE y las he compartido con mi familia y amigos. He visto cómo las decisiones no pueden ser tomadas sólo desde la emoción sino que en la vida hay que intentar ser racional. Doy las gracias por eso a los talleres de LSE.”

Poorvi, tienes un futuro brillante y queremos acompañarte y ayudarte a conquistarlo. ¡Gracias a ti!

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