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Sarita sólo necesitaba que la vida le sonriese

 en Mujer, Trata de personas

La historia de Sarita repite el patrón de otros casos que te hemos contado, pero no por ello deja de ser real y único. Por eso, y porque la historia de cada persona merece ser contada, te invitamos a que conozcas a esta joven nepalí de 26 años.

Con 15 años Sarita, que es originaria de Taplejung, una remota aldea al este de Nepal, se enamoró de un chico que conoció y ambos huyeron de casa. Al cabo de un año tuvo un hijo con él, y durante un tiempo todo parecía ir bien. Pero pasados dos años las cosas empezaron a torcerse. Primero, el chico empezó a consumir alcohol y dejó de llevar dinero a casa. Después, se trasladaron a vivir con la familia de él, y ahí empeoraron las cosas. Su suegra la trataba mal, la agredía por cualquier motivo, y empezó a sospechar que su marido la estaba engañando.

Tras cinco largos años aguantando, por su hijo, Sarita reunió coraje para marcharse de casa y dejar a su marido. Ella cuidaría de su hijo, con ayuda de sus padres. Encontraría un trabajo en otro país, y saldrían adelante. Todo iría bien.

Una salida que se convirtió en un infierno

Pero a Sarita le volvieron a salir malas cartas. Un amigo le habló de un trabajo en Katmandú. Fue hasta allí ilusionada, con su pequeño, y la contrataron: era un spa, y no sabia lo que conllevaba ese trabajo. Para soportar el dolor y la vergüenza de ser explotada sexualmente, Sarita recurrió al alcohol.

Nuestro equipo en el Centro de Día Pariwartan, en el barrio de Thamel, en Katmandú, conoció hace poco a Sarita. Ya lleva dos años en esta situación, y ha comenzado a ver los efectos en su salud. Pasa los días en silencio, sin hablar con nadie. Ha perdido la confianza en sí misma, el ánimo y la capacidad de pensar con lucidez. También ha tenido problemas ginecológicos, y no consigue reunir las fuerzas ni el dinero suficiente para buscar otro trabajo.

sarita sonrisas de bombay

Un pequeño golpe de suerte puede desencadenar el cambio

Le invitamos a hacerse una revisión médica, porque su estado nos preocupó. En este centro, ubicado en uno de los barrios de prostitución más concurridos en la capital, ofrecemos un lugar seguro a todas aquellas mujeres que son forzadas a ejercer la prostitución. Atención psicológica, formación, chequeos de salud o simplemente un lugar donde relacionarse con otras mujeres y con trabajadoras sociales, ya supone un gran cambio (pariwartan significa cambio en nepalí) en su día a día.

Y sobre todo, significa una oportunidad no ya para Sarita, sino también para su hijo. Como dice ella misma, “yo sólo quiero olvidar el pasado, vivir una vida en paz, que la gente me respete, recibir algo de dignidad y un poco de cariño”.

La historia de Sarita no está cerrada, sino que está ocurriendo en estos momentos. Por eso, y gracias a tu apoyo, Sarita y su hijo ya están teniendo una oportunidad para salir adelante. Conocer a Sonrisas de Bombay ya ha significado un antes y un después en sus vidas. Y es que a veces sólo hace falta un pequeño golpe de suerte para desencadenar un cambio. Esperamos que un día muy cercano podamos decirte que ha dejado atrás su situación y que ambos, madre e hijo, están viviendo la vida que se merecen. Igual que las cientos de madres e hijos a quienes hemos dado apoyo en los últimos veinte años.

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