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Gita: cuando la inocencia se rompe en mil pedazos

 en Trata de personas

Gita tenía una vida humilde con su familia en West Bengal. Pero la verdad es que las cosas no eran fáciles, por lo que sus padres decidieron que la niña, con trece años, emigrara a Bombay con su tío en busca de un futuro mejor.

Y así fue, organizaron sus cosas en una maleta y emprendieron el viaje. La verdad es que Gita en ese momento no era muy consciente de lo que significaba todo aquello. Pero pronto lo fue. Durante días tuvieron que vivir y dormir en la calle. Esos días no fueron nada fáciles, pero vivían con la esperanza de encontrar un trabajo. Pero el trabajo no llegó. Así que un día, sin sospechar nada, el tío de Gita decidió vender a su sobrina a un burdel.

Al ver a todas esas mujeres tan arregladas y maquilladas, Gita se quedó alucinada, y de hecho intentaron engañarla contándole que estaban en el meca del cine, en Bollywood, y que todas esas chicas y mujeres eran actrices.

Pero pronto la inocencia de Gita se rompió en mil pedazos. Para Gita todo era raro, pero se fue acostumbrando a estar ahí. Durante meses nadie la forzó pero cuando tuvo la regla por primera vez, un cliente irrumpió en su habitación y la obligó a tener sexo con él. Ella se negó y fue entonces cuando recibió la primera paliza y maltratos durante seis días, hasta que accedió a su primer cliente. Y en eso se convirtió su vida: palizas; acoso físico y mental; y explotación sexual. Y así pasó más de diez años en el barrio de Kamathipura, uno de los mayores barrios rojos de Asia.

Hace unos meses, y tras varias semanas de contacto y conversaciones con nuestro equipo, Gita consiguió dar el paso de marcharse del burdel e ir a vivir a la casa de acogida que hace un año abrimos para supervivientes de la trata. No fue fácil, pero el camino recorrido ha valido la pena.

Gita se siente tranquila y segura. Poco a poco va dejando atrás el pasado construyendo una nueva confianza y descubriendo muchos aspectos de ella misma que esperemos que la lleven a un futuro libre e independiente, con oportunidades para vivir una vida digna.

La semana pasada os contábamos cómo ha sido este primer año en Udaan, lleno de ilusiones y esfuerzo. Gita es una de las valiosas personas que lo ha hecho posible. Seguiremos trabajando para que más mujeres se sumen a este proyecto.

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